Economia

Dólar sufre la peor caída semestral desde 1973, mercados al filo de la butaca

En Junio, el dólar estadounidense cayó un 10.7%, marcando la caída semestral más pronunciada desde 1973. Este dramático debilitamiento de la principal moneda de reserva del mundo ha despertado preocupación entre los inversionistas globales, especialmente en Wall Street.
En medio de la creciente incertidumbre geopolítica y la volatilidad económica, los inversionistas están revisando rápidamente sus estrategias de cartera, buscando diversificarse lejos del dólar y reducir la exposición al riesgo.
La caída del dólar está impulsada por una convergencia de factores macroeconómicos y políticos. Entre ellos, la clave es la creciente deuda nacional de Estados Unidos, que se acerca a los 30 billones de dólares, junto con un persistente déficit presupuestario federal. Los pronósticos sugieren que el déficit podría alcanzar los 2 billones de dólares para 2025, socavando la confianza en el dominio de largo tiempo del dólar en las finanzas internacionales.
A la presión se suman las expectativas de que la Reserva Federal pueda bajar pronto las tasas de interés. Una postura de política monetaria más moderada podría impulsar aún más la inflación y debilitar el dólar en medio de un lento crecimiento económico.
Las persistentes tensiones comerciales, particularmente entre Estados Unidos y China, también están inyectando incertidumbre en el mercado, perjudicando la competitividad de las exportaciones estadounidenses a pesar del debilitamiento de la moneda.
Esta inestabilidad global ha llevado a los bancos centrales a diversificar sus reservas de divisas. Según el Consejo Mundial del Oro, las compras de oro por parte de instituciones gubernamentales alcanzaron niveles récord en la primera mitad de 2025. Esto indica una creciente preferencia por los activos tangibles como cobertura contra las fluctuaciones monetarias.
Históricamente, un dólar fuerte ha simbolizado la resiliencia de la economía estadounidense. Sin embargo, las tendencias actuales sugieren un cambio estructural en el sistema financiero global, con un flujo creciente de capital hacia almacenes alternativos de valor como el oro, las materias primas y las monedas digitales.

Fuente: Pravda